Constante, La nueva Babilonia
Del 27 de agosto al 28 de noviembre de 2010
Curaduría: Guillermo Santamarina

Marcela Armas, Charles Claubitz, Abraham Cruzvillegas, Jose Dávila, Anibal Delgado,
Gilberto Esparza, Andrea Ferreyra, Gustavo Gamou, Vanessa García, Ismael Guardado,
Cisco Jiménez, Kraeppellin, Los Lichis, Israel Martínez, Manuel Mathar, David Miranda,
Gabriel de la Mora, Jorge Méndez Blake, Enrique Minjares, Luis Felipe Ortega, Roberto Rébora,
Ricardo Rendón, Santiago Sierra, Benjamín Torres, Fabiola Torres, Francisco Ugarte,
Mario de la Vega y Héctor Zamora.

(Hace poco más de 50 años, en 1956, el artista Constant Niewenhuys –conocido simplemente como Constant- comenzó a trabajar en una visionaria propuesta arquitectónica para la sociedad del futuro, proyecto al que dedico más de 20 años de su carrera. Constant abandonó la pintura en 1953 y desde entonces se dedicó a estudiar temas constructivos, urbanos y útopicos. Durante estos años se convirtió en socio fundador de la Internacional Situacionista. Es en esta época cuando realiza el proyecto New Babylon: City for Anothe Life –llamado en aquellos años “la ciudad situacionista” debido a la polémica provocación que logró con su diseño antes mencionado-, uno de los principales trabajos de arquitectura crítica y utópica de todos los tiempos.)

Además de satirizar con los orígenes históricos de donde toma su título, la exposición Constante, La Nueva Babilonia dispone una suma de guiños a las estética predominantes en el panorama urbano contemporáneo, mismas que no se amparan pomposamente en el conocimiento científico, y para el caso, incluso en lo contrario, dándose al placer de deslustrar al Realismo.

He fundamentado esta selección de obra acorde a las inescapables percepciones que fluyen cotidianamente en la accidentada entidad citadina: el espacio destinado prioritariamente para el funcionamiento de máquinas, la degradación de la naturaleza, la especulación económica, y el desenvolvimiento del poder. Ahí debajo de esos factores de subordinación al humano y nuestro entorno, están la violencia diaria, el refugio intemperante de la melancolía, el destructivo curso de las abulia, y las cada día más frecuentes ansiedades por hallar un sendero salvador, constantes irónicas que rodean la noción de un improbable paraíso: la nueva Babilonia.

Esta muestra no pretende acreditar el impulso regenerativo que el proyecto utópico del artista-arquitecto Constant promueve, sino “cuestionarlo” desde la distancia de la verdad ineludible, la que desafortunadamente vivimos hoy, en la realidad transurbana, más allá de inoperancias, o de nuevos planteamientos supuestamente redentores. Incluso también exentos de quejas y de lamentos, por demás innecesarios en el universo de la creación.

Constante, La Nueva Babilonia examina buena parte de nuestras realidades mexicanas del presente, representando al entorno moderno: caótico, violento, contradictorio, constituido sobre miles de capas y fluyendo entre direcciones disparatadas; con martillo de evasiones, de resistencias, e incluso, de diseño funcional que, a pesar de ser estetizante o bello, es paradójicamente inútil y probablemente perverso.

También debe mencionarse que en el proceso de constitución de la presente fue inevitables concertar un escenario de fantasmagoría. Dicho esto quizás no sorprenderá al visitante sensible que en la mayoría de las piezas aquí dispuestas no solo están presentes y actuando los elementos evidentes de cada una de estas anatomías e invenciones paradójicas, sino que cerca de ellas cae una cascada de indeterminaciones que energizan los secretos y los sueños de nuestras individuales supervivencias.

Sin intención de conceder peso a una definición arbitraria y fútil, podría decirse que esta exposición ha sido trazada por un aliento Simbolista, por lo menos más acentuadamente que por otra nomenclatura artística, la Situacionista, la misma que a Constant orientó.

Afiliémonos entonces con esta exposición, por lo menos como jugando, al contubernio simbolista, en un ánimo similar a aquél que provocó “un movimiento oscuro y enigmático debido al uso exagerado de metáforas que buscaban evocar afinidades ocultas por el medio de la sinestesia”, y confrontemos a “la falsa sensibilidad y la descripción objetiva”, esos valores redundantes de nuestra cotidianidad.

En Zapopan, Jalisco, México, Tierra, Agosto 2010.
Guillermo Santamarina