Ray Smith.
Una curaduría de culto por Daniel Lezama
Del 17 de marzo al 5 de junio de 2011

Ray Smith y Daniel Lezama han sostenido por años una amistad entrañable y un diálogo continuo –e intenso- sobre tópicos del arte de la pintura en el contexto de la producción cultural contemporánea. Ambos son artistas ampliamente reconocidos por el sentido que cada uno ha generado en su perspectiva práctica pictórica y por la capacidad que han mostrado para interpelar y enriquecer al medio internacional del arte con discursos visuales potentes, en el caso de Smith, desde inicios de la década de los ochenta y, por lo que toca a Lezama, desde la segunda mitad de los noventa.

La exposición de Ray Smith que documenta este catálogo representa un capítulo especial en la historia de los encuentros entre los dos artistas. La idea de presentar el proyecto como curaduría de culto a cargo de Lezama respondió, desde el origen de la muestra, a la tentativa de mostrar al público del Museo de Arte de Zapopan una lista de obra elegida desde la perspectiva de un espectador con una sensibilidad producto de su propia experiencia como pintor, pero también consecuencia del conocimiento que tiene de la poética de Smith.

La categoría de culto apareció en el campo de la recepción cinematográfica a finales de los setenta y se refiere a material que si bien no fue exitoso y valorado en su estreno o época, acabaría siendo objeto de devoción desmedida para grupos reducidos de fanáticos (ésa es la Historia del arte, por cierto). Por lo general, el fenómeno tuvo lugar primero con filmes de ciencia-ficción o de terror, aunque después se extendió a cualquier género y procedencia siempre que hubiera una reivindicación de la obra en cuestión, por parte de las tribus o comunidades consideradas –con o sin desdén por la opinión generalizada- con autoridad crítica. La selección de trabajo de Ray Smith propuesta por Daniel Lezama no proviene de un gesto reivindicador o de una intención legitimadora (no hace falta), pero sí de una lectura específica pintor-pintor, personal y distinta de aquéllas que han movilizado argumentaciones curatoriales con metodologías teóricas, historiológicas o críticas para dar cuenta de la producción de Smith.

El criterio de Lezama consideró cinco grupos, partiendo de la evidencia de los motivos pintados para el despliegue de cuadros (escenas en azul/ foros con mar/ presencia de animales y mujeres/ saga de padre e hijo/ iconografía de velas y dinamita). La división por grupos o momentos no está explicitada museográficamente en el plan del recorrido, sólo fue una premisa curatorial. La extensa fortuna crítica suscitada por la producción de Ray Smith coincide, entre otras cuestiones, en resaltar su aspecto multicultural, partiendo de la condición genealógica y biográfica del pintor, quien nació en Brownsiville, posee hondas raíces mexicanas y vive y trabaja entre Nueva York y Cuernavaca. De acuerdo con esta visión, se explicaría la tendencia de Smith a construir las escenas de su pintura intercambiando babilónicamente estilos de representación. Poniendo en función juegos formales eclécticos e implementando la proliferación de giros iconográficos disímbolos. De este modo, en una suerte de uso crítico contemporáneo del parámetro moderno de la historiografía del arte positivista a lo Taine (que definía y valoraba jerárquicamente las obras a partir de elementos como la raza o la ubicación geopolítica de los artistas), la producción de Smith es comprensible como síntoma de la inusitada relevancia que resulta de la caída de las fronteras culturales hacia la noción de habitus difuso e híbrido.