“Yo es otros
Autorretrato Contemporáneo”

Del 5 de julio al 29 de septiembre

“…para que pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia,

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros…”

Octavio Paz, Piedra de sol, 1957 (fragmento)

 

“Yo es otro” es la afirmación de sí mismo como potencia pura de aquel joven Arthur Rimbaud que se hacía persona como un poeta vidente. Hemos retomado esta idea en plural, para visitar el concepto derridiano de hospitalidad y aproximarnos a la construcción del Yo en coautoría con el Otro.

Como cuestionamiento radical de la realidad personal, la pregunta por el Yo se puede fundamentar por la toma de consciencia de la propia finitud. Como consecuencia de saberse agotable, se suscita la necesidad de generar un inventario, un registro, un documento o archivo vigente de lo que somos.

La posibilidad de familiarizarse con el propio reflejo a través del acceso a los espejos en el siglo XV permitió que los artistas se convirtieran en los sujetos principales sus obras, abordando el Yo como tema y materia del arte. Así se genera la larga tradición del autorretrato que hoy en día lamentábamos perdida en medio de un narcisismo colectivo: la sobreexposición de la imagen personal animada por el gran número de posibilidades de retratarse.

Retomar los planteamientos que genera la pregunta por el Yo ha constituido una nueva estima del autorretrato como un modo de doblarse sobre sí mismo y de relacionarse con el mundo. Pareciera que el autorretrato supera las restricciones de la práctica y del género −con las que se le ha asociado durante la tradición de las imágenes− y se eleva a la condición de función: la de construir un Yo que está actualizándose constantemente. Así, pasa de ser un mero inventario para convertirse en un modo de constitución y ser persona.

Sobre esta reflexión, el sujeto sale de sí mismo y se encuentra con los demás; los límites del Yo se asoman en relación con los otros. La función que el espejo cumplía en el siglo XV se deposita ahora en el Otro. El ego incorpora a los otros en su construcción y, una vez asumidos, los límites se desdibujan: es un ego alter. Cuando el Yo termina, hay un tú, un él o un nosotros. Toda identidad es visitada por los otros, dando un nuevo sentido a la delimitación del Yo.

El Yo no es estático, en cambio, como construcción es acción pura, movimiento y actualización perpetua. En la posibilidad de estarse haciendo continuamente, el autorretrato aparece entonces como un resto de un Yo que ya no es; dejando un vestigio que nunca es plenamente vigente. Ahora como ruina, como resto, es lo que queda de nosotros, una huella cuya permanencia no es la subsistencia sino un espectro que el Otro se ha apropiado.

 

Paulina Ascencio y Geovana Ibarra

Memoria Yo es otros