Testigo del siglo
Del 28 de Noviembre al 26 de Abril del 2015

Eduardo Abaroa · Doug Aitken · Allora y Calzadilla · Javier Barrios · François Bucher · Agnieszka Casas · Minerva Cuevas · Jose Dávila· Peter Fischli y David Weiss · Sylvie Fleury · Mario García Torres · Thomas Hirschhorn · Yoshua Okón · Gabriel Orozco · Fernando Ortega · Christodoulos Panayiotou · Philippe Parreno · Ana Quiroz · Daniela Rosell · Eduardo Sarabia · Gabriel Sierra · Superflex

Testigo del siglo propone una reflexión acerca de la problemática del medio ambiente y de la urgencia ecológica a través del análisis de los hábitos del hombre contemporáneo. La acumulación, la compulsión, el abuso, el consumo desmedido, la pérdida de la subjetividad ante la uniformidad del pensamiento, la generación de desecho y la obsolescencia son algunas de los temas que Testigo del siglo aborda y plantea como síntomas de las patologías del hombre de nuestro tiempo.

El conjunto de la obra que conforma Testigo del siglo se centra en piezas en cuya interpretación encontramos gestos de la sociedad contemporánea. La muestra toma su nombre de una pieza del artista François Bucher titulada Witness of the Century: un perico encerrado en una jaula terminará repitiendo lo que reproduce una grabadora una y otra vez “Guantánamo, Guantanamera, Guantanamero”. El perico es el testigo que repite lo que oye, no tiene testimonio propio, simboliza el mundo animal reducido por el hombre, pero también al hombre prisionero de sí mismo por su elección de un estilo de vida disfuncional. Pero quiénes son los que eligen, hasta dónde podemos tener libre albedrío dentro de un sistema de capitalismo post-industrial en donde el Sur global tiene poco que decir y en donde la injusticia ecológica se hace manifiesta.

Con injusticia ecológica nos referimos a la alta vulnerabilidad del Sur global frente a los desastres ecológicos actuales y por venir provocados por el calentamiento global. También nos referimos con el término injusticia ecológica a la limitada elección en las opciones de consumo debida a la manipulación mediática y a la falta de información, además de la escasez de recursos económicos que restringen tajantemente las alternativas en el consumo. Sin embargo, Testigo del siglo quiere afirmar la posibilidad de elección dentro de las restricciones existentes, en contra de la indiferencia y el sopor, y a través de la disidencia personal en pequeñas acciones y decisiones que transformen la cotidianeidad.
Félix Guattari en Las tres ecologías habla de la ecología no solamente en términos del medio ambiente, sino también en una ecología social y mental que se debe trabajar en conjunto desde una sociedad unida por nuevos objetivos y en contra de la fatídica pasividad y de los discursos sedantes. Una sociedad conformada por individuos con subjetividades diferentes y con creatividad autónoma en lucha contra de los consensos infantilizados y la homogenización de la opinión, que cultive la disidencia y la producción de una existencia singular.

Bucher se refiere en su pieza al campo de Guantánamo, a la realidad del illegal combatant “que tiene una situación como la del judío en el campo de concentración. En un afuera (el campo) que está adentro de la ley, pero donde la ley, que nombra su excepcionalidad tiene a ese ser a su merced, como se tiene a un animal, no como a un ciudadano con derechos”.

La situación en la mayor parte de la población del Sur global es la de otro tipo de ciudadanos sin derechos ante las decisiones sobre el futuro de la humanidad en términos de la sustentabilidad ecológica. Hasta el día de hoy las potencias mundiales se rehúsan a bajar significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero teniendo obvias repercusiones en todoel orbe. Ciudadano sin derechos alimentarios también es el que está a merced de las corporaciones de la industria alimentaria que introducen modificaciones genéticas e hidrogenación que reducen significativamente el costo de los productos haciendo que sean una opción viable en términos económicos, pero que por un lado niegan el derecho a la información del origen de éstos, y por el otro omiten información sobre las consecuencias y posibles riesgos en la salud.

Es en la década de los sesenta y setenta cuando en el arte se manifiesta preocupación por el medio ambiente. Artistas como Joseph Beuys o Hans Haacke apelaron a que el espectador tomara responsabilidad sobre las elecciones propias y las repercusiones de éstas tanto en el ámbito social como en el ambiental. Los proyectos hasta los años ochentas en su mayoría desarrollaron lo que se podría llamar “restauración ecoestética”: arte que intenta reparar hábitats dañados o reactivar ecosistemas degradados. Por otro lado, artistas que trabajaron el land art no sólo utilizaron la naturaleza como soporte sino que también invitaron a desarrollar una conciencia ambiental y dieron paso a diversas interpretaciones del arte por la ecología.

Actualmente varios artistas y colectivos de artistas trabajan en proyectos que intentan influir de manera transversal tomando en cuenta los factores tecnológicos, políticos, sociales y ambientales. Aunque Testigo del siglo incluye la participación de artistas involucrados de esta manera como Superflex y Allora y Calzadilla o también Minerva Cuevas desde el activismo, gran parte de la obra alude, a través del discurso curatorial, al individuo de a pie que en sus hábitos y estilo de vida es cómplice de la obsolescencia, adicto al consumo y aletargado ante la degradación del hábitat y el avance de la extinción de su flora y fauna. Refieren al ciudadano común cuyos hábitos afectan día a día el estado de la vida actual y futura del conjunto. Incluimos también obra que devuelve la atención a lo aparentemente insignificante, a los momentos que están exentos de esta inmersión homogénea y frenética: fijar la mirada en un insecto como propone Fernando Ortega, o contemplar a una pareja que avanza por el camino. Y escuchar, sólo eso.

Con el criterio de trabajar exclusivamente con obra dentro de colecciones locales intentamos que la huella de carbón generada por el transporte fuera mitigada. Estamos conscientes de que las obras se recargan en la tecnología industrial para realizarse, creemos que esto mismo fortalece la tesis de la muestra: todos estamos inmersos en el capitalismo global y nuestra forma de vida es la razón del estado actual de nuestro entorno.

Otros recursos como la utilización de la energía eléctrica para el funcionamiento de equipo, clima e iluminación de salas siguen siendo un problema a resolver. Lo deseable es que algún día cercano el Museo de Arte de Zapopan, y demás instituciones públicas, genere su propia energía, además de implantar otras formas alternativas de funcionar.
Viviana Kuri

1 “Sur global” comúnmente se refiere a América Latina, África y la mayor parte de Asia.
2 Félix Guattari, The Three Ecologies, Bloombury, Londres, 2014.
3 Correspondencia por correo electrónico con François Bucher, 27 de septiembre de 2014.
4 T.J. Demos, The Politics of Sustainability: Art and Ecology, 2009.

La noción de “desastre ecológico” está entendida como la huella catastrófica, incontrolable y aparentemente incontenible del hombre en el entorno, como una condición ontológica de la especie humana que aparece como una paradoja que no se puede superar. Localizados en el siglo XX en dónde el músculo del capitalismo y las sociedades de consumo se han fortalecido hasta su máxima expresión y entendiendo las primeras décadas del siglo XXI como una extensión del paradigma de poder y consumo del siglo pasado. Partiendo de ésta particular estrategia narrativa nuestra posición se sustenta sobre la teoría publicada en 1989 por Felix Guattari en su libro Las tres ecologías, en donde afirmaba que el desequilibro ecológico no sólo tiene un factor ambiental; sino que son igual de importantes la ecología de las relaciones sociales y la ecología de las subjetividades humanas.

Es cada vez más común encontrar discursos “amigables” con la “ecología” como parte de una estrategia mercadológica, en cuyo caso se estaría considerando a la ecología del medio ambiente como la única causa del desastre sistémico en el que sobrevivimos en la actualidad. Esta exposición plantea preguntas que están relacionadas con los otros dos campos de las tres ecologías de Guattari; ¿Qué tipo de relaciones establecemos con los objetos que nos rodean?¿Por qué existe una incapacidad de auto regulación de los recursos en las estructuras sociales contemporáneas?

La obra seleccionada para esta muestra se enfoca en piezas en cuya interpretación encontramos características de la sociedad contemporánea; desempleo, marginación, racismo, soledad, aburrimiento, ansiedad y neurosis. Este cuerpo de obra enuncia las tensiones entrelazadas en este complejo entramado, y habla de la superioridad con la que la sociedad avasalla, lo irracional en la acumulación de objetos, la sacralización de los productos lucrativos y las políticas corporativistas con miras comerciales a las que las dinámicas de nuestra sociedad se circunscriben, el universo simbólico que reduce a todo sujeto al papel de consumidor y a todo objeto a la categoría de mercancía.

Tres piezas constituyen la columna vertebral de este proyecto: “Critical Laboratory” pensado por Thomas Hirschhorn como un espacio mental y físico, secreto, periférico, en donde uno pudiera hacerse la pregunta: ¿Cómo puedo obtener una posición crítica? Con imágenes de la moda, del lujo, de la economía, filosofía, la cultura, la guerra, los suburbios y la historia, este espacio oscila entre un laboratorio de armas biológicas, de productos farmacéuticos o de producción de drogas sintéticas. El público es directamente aludido, los textos sobre el síndrome de Estocolmo, las sillas y flores de plástico, la cinta y las luces, buscan provocar una “crisis” en la posición y la opinión del espectador.

En Witness of the Century la pieza que da nombre a la exhibición, François Bucher establece un hábitat doméstico para un perico, el cual tiene una interacción con un sonido que lo entrena para repetir tres palabras: “Guantánamo, guantanamera, guantanamero”. La referencia a la independencia cubana, es superada por el tipo de intercambio cognitivo que aquí se realiza, una figura animal enjaulada, siendo entrenada por un lenguaje que desconoce.

En tercer lugar, el video de Doug Aitken Migration, una yuxtaposición entre un paisaje post industrial (una encarnación decadente de las áreas suburbanas y rurales de los países industrializados) y animales salvajes que interactúan con un medio desconocido, ante una cámara que desde un punto de vista preciosista y cinematográfico captura una funesta sucesión de interacciones con objetos y situaciones en donde el testigo, detrás de la cámara, queda suspendido en un momento de intimidad.

Como parte del criterio que utilizamos desde la concepción de este proyecto, se buscó trabajar exclusivamente con obra de colecciones locales, con la finalidad de activar una ecología distinta: la del coleccionismo. En la ciudad de Guadalajara existen acervos privados muy importantes, que pocas veces entran en circulación dentro de las instituciones locales. Esta decisión apela a la congruencia de nuestro discurso y a la intención de dinamizar el ciclo de producción, consumo, almacenamiento y exhibición de obras, fomentado por la globalización en el mercado del arte contemporáneo. De la misma forma el proyecto pretende que la huella de carbono generada por el transporte aéreo fuera mitigada, como lo propone la campaña Reduce Art Flights, iniciada en 2007 por el artista británico Gustav Metzger.

Un robusto programa de actividades paralelas, preparadas ex profeso incitan a la participación, concientización y diálogo entre la comunidad, creando así una red de conexiones, que desde distintas plataformas, puedan crear resonancia y colabore en la construcción del tejido social. La velocidad con la que el desastre ecológico avanza hace evidente que los esfuerzos individuales ya no son suficientes. Una solución sólo puede ser pensada desde la colectividad y desde un cambio de paradigma ético que nos aleje de la extinción.
Humberto Moro

1 http://www.reduceartflights.lttds.org